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Mallén, como todos los pueblos, tiene sus curiosidades, sus peculiaridades, os queremos mostrar algunas. Nuestro objetivo es mostrar como vivían nuestros antepasados, o por lo menos hacemos una idea, todo esto lo queremos hacer con el máximo respeto a todo el mundo.

Todos los que tengáis alguna, chistes, anécdotas... nos la podéis mandar y las publicaremos.


MADRE EN LA PUERTA HAY UN NIÑO

 Como ya creo haber comentado en alguna otra ocasión, las canciones me provocan recuerdos que normalmente se encuentran dormidos en lo más recóndito de mi subconsciente y producen el insondable misterio de traerlos al primer plano de mi realidad más próxima.

Es lo que me ha pasado recientemente. Navegando por Internet con el propósito de buscarle villancicos a mi nieta y huyendo de los clásicos y tan manidos “Los peces en el río” “Campana sobre campana” o “La Marimorena”, saltó de pronto como un resorte, uno que despertó del letargo en que se encuentran mis recuerdos, todo el bagaje que tengo almacenado de cuando niños celebrábamos la Navidad en Mallén: “Madre en la puerta hay un niño”.

Recuerdo que el día 24 de diciembre cuando comenzaba a oscurecer, mi madre ya tenía preparadas unas fuentes de guirlaches, almendras garrapiñadas, mazapanes, peladillas y algunos frutos secos, con el fin de poder “agasajar” a los niños que, con toda seguridad, vendrían momentos después cantando villancicos.

A todos estos preparativos yo, como uno de los pequeños de la casa, asistía nervioso y extasiado por el recuerdo de la Navidad anterior y esperaba impaciente, al calor de la cocina, que sonara el primer picaportazo anunciando que alguna cuadrilla de niños nos venía a felicitar la Navidad.

Cuando por fin el tan esperado y deseado sonido se producía, saltando de las rodillas de mi padre, bajaba las escaleras como una exhalación y antes de que me diera tiempo a llegar al patio y poder abrir la puerta de casa, se comenzaba a oír el, a veces armonioso y otras no tanto, cantar de los niños interpretando el clásico entre los clásicos villancicos de Mallén:

 

“Madre en la puerta hay un niño,

más hermoso que el sol bello,

no diré que tenga frío,

pero el pobre está en cueros”.

“Pues dile que suba,

se calentara,

por que en esta tierra,

aún hay caridad”.

 Las zambombas que acompañaban al improvisado coro echaban humo, y yo estaba como transportado a otro lugar, embelesado y a la vez avergonzado, bien agarrado al pomo de la barandilla; mientras mis hermanas mayores o mi madre, bajaban una de las bandejas con las golosinas que habían preparado minutos antes y, que uno de los muchachos, no tardaba en hacer desaparecer en el zurrón que traía al hombro. Una vez recogido el aguinaldo, daba la impresión que la fuerza cantora de los muchachos se había debilitado repentinamente; pues, casi sin transición desaparecían. Aunque eso sí, nos deseaban educadamente Buenas Pascuas y Feliz Nochebuena y yo, todavía un poco corrido y avergonzado no sé bien porqué, subía las escaleras de mi casa tan rápidamente como las había bajado.    

Sin apenas transición en el tiempo, como si hubieran estado esperando en la esquina de la calle del Molino a que los otros muchachos acabasen, se oía de nuevo el sonoro picaporte y vuelta a correr escaleras abajo y a escuchar las notas de la zambomba y la letra archiconocida de “Madre en la puerta hay un niño”. En alguna ocasión, con el objeto de que nos cantasen algún otro villancico; mi hermana mayor, Carmen, se retrasaba un poco en bajar la bandeja y entonces teníamos la suerte de poder escuchar el  “Dime niño de quién eres”. Recuerdo que alguna vez, mi hermana mayor Carmen o mi madre, les solía decir: -Es que no sabéis algún otro villancico?-. Pero ellos, con la cabeza baja y un poco avergonzados, se encogían de hombros y daban la callada por respuesta.

De esta forma tan entretenida, pasaba la anochecida de la Nochebuena y tras la pronta cena, nos dirigíamos toda la familia bien arreglados, a la Misa del Gallo.

Con el paso de los años y cuando yo ya contaba con cinco o seis, los niños de mi edad y mayores, solíamos llevar gorriones con cintas de colores sujetas a las patas de los mismos, y en el momento que Mosén José entonaba el “Gloria in Excelsis Deo”; todos los muchachos soltábamos los pajarillos que habíamos llevado escondidos en los bolsillos y se armaba un tremendo guirigay en la iglesia, con el consiguiente regocijo de los asistentes y las muecas de desagrado del párroco, que no veía con buenos ojos que olvidásemos el recogimiento y respeto debido a la casa de Dios.

Al día siguiente Día de Navidad, después de la Misa Mayor, la faena que los monaguillos teníamos encomendada era: Ir recogiendo los gorriones que aún quedaban en la iglesia y soltarlos en la calle. Dicho trabajo no era en absoluto sencillo, pues como es natural, los pajarillos volaban a las zonas más altas y recogidas de los techos. Para ello, contábamos con los escobones. Dichos artilugios, no eran ni más ni menos, que escobas que llevaban un trapo tapando los pelos de la misma y que, mediante cañas largas atadas unas a otras, se iban estirando hasta llegar al techo de la iglesia. Su manejo no era sencillo, pues estamos hablando de que los operarios eran muchachos de entre cinco y diez años y, en alguna ocasión, hubo problemas con los aparatos de luz que cuelgan del techo de la iglesia. Pero la impaciencia de Mosén José por que nos deshiciéramos de los pajarillos, que con sus trinos armonizaban las misas era tal, que no dejaba pasar ni un solo día a esas criaturas de Dios en su compañía.

La Navidad tenía otro componente básico para nosotros, como es natural. Al fin y al cabo no dejábamos de ser eso, niños.

¡La venida de los Reyes Magos!

Desde un tiempo antes veníamos, oído avizor, escuchando en la radio a Pinzón.

Pinzón era un pajarillo entrañable, que servía de espía a los Reyes Magos. No había travesura que se te hubiera ocurrido cometer durante el año, de la que no hubiese sido testigo y ahí estaba, en las vísperas de este día tan señalado, para recordársela a los Reyes y encima por la radio, para que todo el mundo se enterase.

Al principio y anunciando el programa, se oía el trinar de un jilguero y a continuación la “chivata” voz que anunciaba: -Fulanito de Tal, de Mallén. Este año has sido muy malo y has hecho enfadar mucho a tus papás y los Reyes Magos, te van a traer un saco lleno de carbón. Esperamos que el año que viene seas mejor.-

Y a ti se te hundía el mundo. Alea Iacta Est. Ese año te habían descubierto y para ti se habían acabado los Reyes.

 Así pues, estoy seguro que todos los niños de mi edad, escuchábamos el programa de Radio Zaragoza con el corazón en vilo, ante el temor de que Pinzón nos pusiese en la picota y aquel año en lugar de recibir regalos, lo que nos llegase fuera una buena ración de carbón y por aquellos años ¡el carbón no era de azúcar!.

Pero no siempre era así, a algún privilegiado el “dichoso” Pinzón le reía las gracias y anunciaba que, por haber sido tan bueno con sus papás y hermanitos y haberse portado tan bien ese año, los Reyes le traerían el ¡ Mago Electrónico!

Nada menos que el Mago Electrónico, que era el juguete por el que yo suspiraba.

-¡Jó qué suerte tienen algunos!- Pensaba yo.

Aquel año, Pinzón todavía no me había citado, ni para bien ni para mal, con lo cual aún quedaba la esperanza de que olvidándose de mí, tamaño chivato, existía la remota posibilidad de que los Reyes no estuviesen al tanto de mis últimas andanzas y me llegase algo.

Por ello, le pedí a mi madre el cestico y lo llené de trigo y maíz para los camellos de los Reyes, con el ánimo de contentarles y dejé, junto a él en la repisa de la ventana de mi cuarto, mis mayores botas en la postrera esperanza de que al ver mi prodigalidad con sus animales, Ellos se viesen en la obligación de corresponderme de alguna forma.

Esa noche fue un continuo duermevela. Me la pasé oyendo ruidos y soñando con montañas de carbón. Mis amigos se reían de mí, mientras ellos me pasaban por las narices sus regalos. Yo no entendía nada, ¡Si ellos eran mis compañeros de fechorías! ¡Porqué a ellos les habían colmado de regalos y a mí solo carbón! ¡Esto no era justo!

En una de esas vueltas que di en la cama, debí de darla tan indignado que caí al suelo y me desperté. Ya era de día y por la ventana entreabierta pasaban unos rayos de sol que iluminaban la habitación. A su resplandor, pude apreciar que Sus Majestades Los Reyes Magos habían pasado, pues el cestico estaba vacío y a su lado estaban mis botas casi tapadas por una enorme caja. Con movimientos nerviosos logré por fin abrirla, y cual no sería mi sorpresa al encontrarme de narices con:

                                   ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ EL MAGO ELECTRÓNICO !!!!!!!!!!

  Mariano Ibáñez


A fecha 02/11/2002 En Mallén había:

1859 Hombres y 1558 mujeres que hacen un total de 3417 Habitantes.


DOCE CASCABELES…….

  No sé si a vosotros os ocurre como a mí, pero yo tengo muchos recuerdos de mi juventud asociados a canciones.

Una de las que trae mejores recuerdos a mi mente, es aquella que cantaba entre otros Joselito y que llevaba por título “Doce cascabeles”. Cada vez que la oigo sonar, los recuerdos se me agolpan y pugnan por salir.

Creo recordar, que fue por allá en el inicio de los años 50, cuando la oí por primera vez. Recuerdo que era una mañana fresquita, de aquellas que suele hacer a comienzos del mes de septiembre. El sol comenzaba a salir y, sin embargo, el barrio de Tudela era un hervidero de personas que se dirigían hacia el Paradero a esperar a las vacas. Yo iba de la mano del tío Jorge Cuadal y de mi padre para ver el encierro. Como fácilmente podréis imaginar, el nerviosismo recorría mi cuerpo, pues iba a presenciar la entrada de las vacas, no desde un balcón como solía hacerlo con mis hermanas en casa de mi prima Luisa; sino a pie quieto, como los hombres. Esto a mis cuatro o cinco años, colmaba las ilusiones que en aquellos momentos pudiera sentir.

Ya la noche anterior había sido un continuo duerme vela que no me había dejado pegar ojo; pues desde que, después de cenar, mi padre me prometió que me llevaría a ver el encierro a la Carpintería de Agustín el “Royo”, ya no pude pensar en otra cosa.

Cuando pasamos por la puerta del Bar de Paños, éste se encontraba abierto y un buen corro de mozos con las camisolas de sus peñas ocupaba la acera y otros se hallaban recostados en el poste de la gasolinera. En ese momento, llegaron a mis oídos por primera vez, las notas de “Doce cascabeles” interpretada por Joselito. El aparato de radio que Casiano tenía en el interior, funcionaba a todo volumen. Varios de los mozos de la puerta, acompañaban la canción con sus voces roncas, producto de la juerga que seguramente aún no habían finalizado y yo me los miraba con una mezcla de admiración y de rechazo.

Cuando llegamos a la Carpintería de Agustín, mi padre me sentó en una pila de troncos enormes que siempre había en la puerta con el fin de que, desde las alturas, pudiese ver algo.

Justo enfrente mío y al otro lado de la carretera, un mozo abocinado en las Cuatro Piedras se echaba agua por la cara con las manos, imagino que con el propósito de espabilarse totalmente. Otros iban y venían nerviosos barruntando la inminente llegada de las vacas. Mientras tanto, en la puerta de la carpintería se habían reunido un grupo de hombres que ensalzaban las virtudes del ganadero que aquél año traía los animales, que no era otro que Goncha el de Tauste, y que al parecer, llevaban fama tanto por su bravura como por su corpulencia.

Desde mi posición aventajada, podía contemplar el gran árbol situado en la entrada del Huerto de Mosén Gregorio, sitio escogido por algunos para ver el paso y, enfrente, la puerta del Taller de Chispas, era otro de los lugares concurridos. El Cuartel de la Guardia Civil se hallaba a rebosar, pues la acerilla de delante estaba repleta de guardias y en las ventanas las familias se agolpaban para ver algo.

El pretil del Puente de la Caña, también estaba tomado y la señora que se cuidaba de la Estación del Borjica, una vez recogidas las cadenas, que extendía para impedir el paso de los vehículos por la carretera cuando venía el tren, se encontraba en la puerta como si estuviese de guardia.

En el comienzo del camino de S. Antón se veían muchos mozos esperando y lanzando miradas nerviosas a lo largo del mismo.

En un momento dado, vi que uno de aquellos mozos dio un brinco y ese gesto fue rápidamente interpretado por los que nos hallábamos en este lado y no teníamos una visión directa del camino. Ya vienen! El rumor se convirtió instantáneamente en un grito unánime de cantidad de mujeres que también poblaban el recorrido. De aquí al final del encierro, todo fue un contínuo coro de gritos más o menos estentóreos con los que unos y otros recibían la llegada de las vacas.

Tras unos momentos de espera expectante, por fin aparecieron los potros preciosos de Rafael Asín y Domingo Cozcolluela que abrían paso a una excelente manada de vacas bravas. Cuando cruzaban el Puente de la Caña, ya pude apreciar que el color dominante era el negro, quince o veinte hermosos animales venían a un considerable paso siguiendo a los potros, y tres o cuatro enormes mansos de diferentes pelajes, cerraban la marcha del grupo. Tras ellos, tres o cuatro pastores, jinetes en hermosos y grandes caballos, iban armados con grandes varas vigilando que la conducción del ganado fuese, en todo momento, la correcta.

El gentío que invadía la carretera, únicamente se abría con el objeto de dejar vía libre a la manada y si no hubiese sido por la ubicación que mi padre me consiguió, me habría sido materialmente imposible ver nada del paso. El ruido, que tanto los cascos de los caballos como las pezuñas de las vacas y los mansos, producían al golpear en los adoquines de la carretera me impresionó vivamente, y no sé si realmente fue ese impacto o el nerviosismo que yo sentía, lo que me produjo la sensación de que los troncos en los que estaba asentado, se movían.

En un instante, dejé de ver las vacas para sólo apreciar las espaldas de los pastores que cerraban la marcha y que enfilaron el barrio de Tudela, para entrar como una exalación en el corral de Marcelino Pardo, que fue aquel año, el lugar acondicionado para que los animales pasasen los días que habían de hacernos disfrutar con sus quiebros y carreras.

Una vez finalizado el encierro, el gentío comenzó a disolverse, y la marea de gente se desplazó a través del Paradero y el barrio de Tudela hacia la plaza. Entonces, mi padre me bajó de la improvisada atalaya que tan bien había servido a mis propósitos. Me preguntó si lo había visto todo bien, y yo aún nervioso, no acerté a explicarle con medias palabras y atropelladamente, que la vaca que venía en cabeza tenía unos enormes cuernos y que había otra que tenía uno hacia abajo y otro en alto y que en medio había una tan grande y tan ancha que parecía un toro. Vamos que la vuelta a casa fue un continuo y personalísimo relato del encierro.

No digo nada de las explicaciones con todo lujo de detalles que le ofrecí a mi madre cuando llegamos a casa, yo creo que tuve tema para unos días, tan fuerte había sido la impresión que me causó el primer encierro en directo y de cerca.

Pero realmente lo que ha quedado en mi memoria como catalizador de toda esta serie de impresiones, fue aquella melodía escuchada en la radio de Casiano Paños que se titulaba DOCE CASCABELES… y estaba interpretada tan magistralmente por Joselito.

 Mariano Ibáñez   


MALLENEROS EN GENTE JOVEN

Pedro Rueda y Mª Jesús Pardo, componentes del grupo Huecha ganaron en 1982 el concurso de TVE, Gente Joven.

En 1988 grabaron su primer LP, Ciudad, con música de Pedro Rueda, y letra de Pepe Alfaro


Navegando por la red he dado con una web (www.rutasnavarra.com) donde aparece una posible explicación a la etimología del río Huecha. La transcribo tal cual:
"Para Frago Gracia se trata de un hidrónimo prerromano, seguramente de estirpe indoeuropea. Destaca este autor el empleo del género femenino al igual que otros grandes cursos de agua navarroaragoneses (La Arba, La Arga, La Huerva) induciría a pensar que se trata de la viva reminiscencia de una milenaria tradición lingüística que los siglos de cultura musulmana no lograron interrumpir y que coincidiría con lo documentado en zonas del occidente peninsular y otros hidrónimos europeos de clara ascendencia indoeuropea."
Documentación histórica: "Huexa, La (1199, Frago). Huaja, Illa (1299, Frago). Guecha, La (1407, Frago). Huecha, Río de la (1853, NTYC).
Como curiosidad te comentaré que Frago Gracia, Juan Antonio, es actualmente catedrático en la Universidad de Zaragoza, Facultad de Filología, y fué profesor mío en primero de carrera. Por cierto, es nacido en Magallón.
Seguiremos investigando..

F.B.N


OPERA PRIMA

 Corría el invierno de los años 52-53 y en la Iglesia de Mallén no había quien aguantara del frío que hacía. La humedad que se filtraba en la Capilla del Sto. Cristo, unida al hecho de que la nave derecha está construida por debajo del nivel de la calle, así como que el huerto que había tras la sacristía pequeña, estaba a rebosar de hierbas y matojos (según se decía, en tiempos pasados, había ejercido de camposanto); configuraban un entorno nada saneado, que traía como resultado, que los inviernos en el interior de la Iglesia se hicieran insoportables.

Mosén José no hacía más que darle vueltas a su imaginación, para ver de resolver esta situación, pero no encontraba la forma adecuada de acometer la financiación del proyecto, que sin ninguna duda, excedía muy mucho las posibilidades económicas de la parroquia.

Pero Mosén José no era persona que se amilanara ante las dificultades; antes al contrario, todo lo que constituía una dificultad, él lo transformaba en un reto personal y lo afrontaba con todas sus energías, que no eran pocas.

Con el propósito de conseguir instalar la calefacción en la Iglesia, ideó un plan de actuación que pasaba por movilizar, desde el primero al último de los individuos que tuviesen alguna relación con él.

Su primer paso, fue plantear un domingo en Misa Mayor a todos sus feligreses la idea y recabar la colaboración económica de cada uno de ellos, pues para esos temas no le faltaban argumentos.

El Ayuntamiento tampoco se libró de sus peticiones; pero no paró ahí, sino que, ni corto ni perezoso, se encaminó al Arzobispado de Zaragoza (Mallén , en aquellos momentos, formaba parte de la Archidiócesis de Zaragoza, pues su paso a la Diócesis de Tarazona fue posterior), con el fin de conseguir el dinero necesario para la instalación. Los tiempos y la situación económica, en general, no eran los más propicios para encontrar mecenas y viendo que las distintas aportaciones no cubrían, por mucho, el presupuesto de las obras, resolvió dar un paso más.

Entró en contacto con personas que, nacidas en Mallén, habían desarrollado sus carreras o habían fijado sus residencias fuera de nuestro pueblo, pero seguían unidas a él bien por lazos económicos bien por lazos sentimentales, y recurrió a los Pérez de Petinto, los Navas, los Frontín, los Guallart, los Pascual de Quinto y así a los que, de alguna manera y según su forma de ver, podían ayudarle a afrontar esa situación.

Después de todo ello y convencido de que todavía las aportaciones conseguidas, no acababan de cubrir el enorme coste que suponía la calefacción para un edificio tan enorme, se le ocurrió movilizar a los monaguillos.

Y poniendo manos a la obra, reunió a todos los monaguillos un domingo tras la celebración de la Misa Mayor y les dijo que había pensado que, con la ayuda de Mosén Julio, iban a realizar una “función de teatro” y los fondos que se recaudasen irían destinados para acabar de pagar la calefacción de la Iglesia. A los monaguillos, muchachos de entre seis y ocho años, la idea les pareció maravillosa, pues nunca se habían visto en una situación parecida, y acostumbrados como estaban a cantar la misa cada día, la cosa no les parecía excesivamente difícil.

La “función de teatro” consistía, en una especie de sainete religioso completamente cantado y en un solo acto. Cada uno de los diez componentes, vestido con la sotana roja y roquete blanco que utilizaban para ayudar a misa, con los complementos de unas chorreras en el pecho y el bonete para la ocasión, debían, además, llevar algo en las manos para evitar de esta manera, que los más lanzados se pusiesen a manotear en el aire, pues las cuestiones religiosas aunque en esta ocasión fuesen para un tema profano, a Mosén José le parecían de lo más serio y no aceptaba ningún tipo de licencias.

Así pues, Chema llevaba el apagavelas grande, Manolico el apagavelas pequeño, a Alejandro le dieron unas vinajeras y a Luis Antonio otras, Mariano un candelero con su vela y Francisco otro y tanto Añavieja como José Miguel, llevaban campanillas.

Martín, que era su preferido, junto con Sorolla, estarían encabezando los dos extremos de la U que formarían en el escenario y no portarían nada en sus manos, sino que las llevarían juntas delante del pecho en señal de oración; además, saldrían los primeros con el objeto de realizar la presentación del acto.

En principio y tras unos días de ensayo, la única dificultad estribaba en aprenderse la letra, ya que el resto consistía en salir ordenadamente al escenario y cantar la letra correspondiente, de principio a fin. Para la mayoría, no supuso ningún problema y el día previsto, a la hora señalada de aquel año 1953, dio comienzo  en el Cinema Pardo,( porque el Cine Pax no estaba ni en proyecto) el sainete que debían cantar, más que representar.

Salieron Martín y Sorolla al izarse el telón y comenzaron con la presentación:

                            

                             Con permiso de Uds. van a pasar

                             Unos cuantos monagos para cantar:

                            

                             Aquí vienen orondos los del cirial

                             Por sus cuatro costados chorreando sal

                             Ya está aquí rompeesquilas y vinajeras

                             Y también han llegado los apagavelas.

 

                             Podéis pasar, podéis pasar

                             Con su permiso, logrado está.

                             Muy buenas noches a gran reunión

                             Muy buenas noches, chitón, chitón.

Por parejas y ordenadamente fueron apareciendo en el escenario. Se oyó la voz de caña rajada (como decía Mosén Julio) de Mariano, las tímidas voces de Luis Antonio, Manolico y Francisco, la desentonada de Chema y menos mal que ahí estaban las voces claras y potentes de Alejandro, José Miguel, Sorolla, Añavieja y, sobre todas ellas, la extraordinaria e inconfundible de Martín, para poner el corazón en un puño a sus familiares y la complacencia en el rostro del resto de los espectadores.

                            

                             Somos de la parroquia los monaguillos, los monaguillos

                             Un cabildo en pequeño, de diez chiquillos

                             Se toman por asalto alguna misa, algún rosario

                             Conquistando a tortazos el incensario.

 

                             Cantamos de profundis y miserere

                             Vísperas, gozos, salmos y recordere

                             Nos comemos las ostias por los pasillos

                             Sacudimos las perras de los cepillos.

 

                             No se oyen las campanas, ni el organista,

                             Ni el campanillo

                             Si antes no le dan cuerda,

                             Al monaguillo.

 

                             Si hay un bautizo o boda

                             Pobre padrino, pobre madrina

                             Se encuentra algún monago

                             En cada esquina.

 

                             Cuando se acaba la misa

                             La haya servido quien quiera

                             Es ya costumbre ir deprisa

                             A escurrir las vinajeras.

 

                             Si estando en esto entra alguno

                             Que sospechó la jugada

                             Bailamos una habanera

                             A impulso de una patada.

 

                             Por lo tanto hay que tener, tener, tener

                             Mucho pesquis y de aquí, aquí, aquí

                             Para escurrir vinajeras

                             Y el bulto escurrir de allí.

 

                             Porque si algún sacristán

                             Nos coge en tal situación

                             Por lo menos mes y medio

                             Usaremos polisón.

                             

                              Vamos muchachos a descansar

                             Que al toque de alba

                             Listo hay que estar

                             Hay misas gordas y de verdad

                             Y para esto hay que madrugar.

 

                             El son de las campanas saca de quicio

                             A estos monaguillos de poco juicio

                             En cuanto las oímos sin vacilar

                             Empezamos nosotros a desfilar.

 

                             La ra ra la la, la ra ra la la, ...........

 

                             Y con esto se despide

                             De esta buena sociedad

                             Este coro de monagos

                             Honra y  prez de la ciudad.

 

                             Vamos, vamos, compañeros

                             Vamos todos a dormir

                             Que mañana hay misas gordas

                             Y tenemos que acudir.

 

                             Buenas noches caballeros

                             Buenas noches y a cenar

                             Que mañana hay misas gordas

                             Y queremos madrugar.

   El sainete era bastante corto y, durante el mismo, los familiares de los “actores” fueron lanzando cajas de bombones con el nombre correspondiente escrito al dorso; mientras, alguno de los pícaros actuantes, lanzaba miradas de reojo cada vez que una caja caía al escenario.

El nerviosismo inicial había pasado a mejor vida y los monaguillos se sentían cada vez más seguros de sí mismos, lo cual se traslucía en sus cánticos que por momentos se asemejaban más a un coro.

De esta forma, se llegó al fin de la representación que fue premiada con una gran salva de aplausos, que se hizo interminable. Los “actores” sonreían satisfechos de su obra y el telón parecía no poder descender.

Al fin, descendió y como si hubieran estado esperando esta señal, volaron los objetos de las manos de los oficiantes en todas las direcciones y, todos a una, se lanzaron al suelo a descubrir cuál de las cajas de bombones desparramadas por el escenario, tenía sus nombres.

El alboroto que se armó fue monumental, las faldas de las sotanas revoloteaban por encima de las cabezas desbonetadas de los monagos, la mayoría de las chorreras estaban por el suelo y cuando la fragorosa pelea estaba en su momento más álgido.......

El telón, como impulsado por una fuerza descomunal, se elevó al cielo dejando a todos los “actores”, con una sensación de desnudez y desprotección frente a los atónitos ojos de los presentes; que, tras la sorpresa inicial, prorrumpieron en una carcajada que fue la mejor recompensa que, en aquellos momentos, pudieron recibir los cortados monaguillos, pues les hizo sentir toda la complicidad y todo el cariño que les profesaban sus conciudadanos.

Mientras tanto, Mosén José, con el rostro adusto al contemplar el guirigay organizado por sus discípulos, pero con el corazón gozoso por su interpretación, realizó un silencioso mutis por el foro.

 Mariano Ibáñez

Nota del Autor: Esta historieta está basada en hechos verídicos. Todos los personajes son reales y alguno de ellos todavía vive en Mallén. Va dedicada a todos ellos con cariño y en especial a Martín, que dejó una huella imborrable en todos los que tuvimos la suerte de convivir con él.


UNA DE  MONAGUILLOS

 Caía un sol de justicia, que unido al bochorno típico de los días de julio, configuraban una jornada bastante normal en Mallén; si no fuera, porque a las tres de la tarde de un domingo del año 1954, cuando lo habitual era que todo el pueblo estuviese durmiendo la siesta y no se viera ni a los perros deambular por las silenciosas calles y los críos estuvieran, nadando en el Azud, fabricando barcos con los juncos de la orilla de la Huecha, jugando a pitos o a corchos en la Plaza, o robando melocotones aún verdes en algún huerto; un movimiento inusual de personas recorriendo las calles y casas sin saber exactamente a dónde ir, agitaba de forma sorprendente la población.

A las dos y media, todos los malleneros habían sido bruscamente interrumpidos en su habitual descanso, por el desaforado sonar de las campanas de la iglesia que anunciaban que alguien se había perdido.

El primer impulso de todos fue salir a la calle y preguntar qué pasaba, quién había podido perderse a aquellas horas y por respuesta se encontraban con la cara de sorpresa de sus convecinos; que, tan atónitos como ellos mismos, no daban crédito a algo tan extraordinario.

Por fin, un rumor fue extendiéndose rápidamente por la población. Al parecer, un monaguillo no se había presentado en su casa a comer y se desconocía su paradero, era necesaria la colaboración de todo el mundo para encontrarle. Y el pueblo, tan sensible a las desgracias ajenas, acudió como una sola persona. Entre los más pequeños, sabedores de las costumbres de los de su edad, unos se dirigieron rápidamente al Azud, otros fueron a la Caña por ver si estaba bañándose con sus amigos, las personas mayores fueron congregándose en la Plaza para ver si alguien traía noticias, las mujeres hacían disquisiciones sobre los posibles paraderos del muchacho y el disgusto que tendría su madre. Antonio Laporta, el alcalde, se dirigió a la iglesia que es donde pensó que hallaría a Mosén José, como efectivamente así fue; y, unos más rápido y otros más despacio, todo el pueblo se puso en movimiento.

Al cabo de un rato, ya se supo por todos, que el monaguillo en cuestión era Manolico, un gracioso chaval de siete años, que vivía en la C/ Trascastillo, más bueno que el pan y, que al contrario que la mayoría de sus compañeros, era formal y nada travieso. Se fueron conociendo los detalles: Sus padres, cuando vieron la tardanza del muchacho en acudir a comer, comenzaron a preocuparse y a eso de las dos de la tarde, ya seriamente alarmados, fueron por las casas de los monaguillos que junto a él habían estado ayudando a los sacerdotes en la Misa Mayor. Como en las casas de Alejandro, Mariano y Luis Antonio, no pudieron aclararles la situación, se habían dirigido a casa de Mosén José, que sorprendido, mandó llamar a Mosén Julio, para ver si él podía dar alguna razón de la desaparición de Manolico; pero todo fue inútil, Manolico no aparecía. Se avisó a Cándido, el campanero, como era costumbre en estos casos, para que mediante el toque de campanas correspondiente, notificase a todo el pueblo la pérdida del niño y fue así como la noticia se había propagado.

Las horas iban pasando y no se sabía nada, los niños volvieron del Azud y de la Caña sin nada, los que salieron a las eras volvían también sin nada, otros que fueron al Puy, tampoco aportaron nada nuevo. Los mayores, empezaron a desplazarse por la C/ Santa María a la iglesia, sabedores de que tanto el alcalde como los sacerdotes estaban allí, y se fueron reuniendo, bajo un sol abrasador, en la Plaza de la Iglesia.

Mosén José, viendo el pueblo congregado, con su voz de trueno velada por la emoción, aprovechó el momento para informar a todos de la realidad de la situación y de que, por desgracia, no había noticias del paradero del chico, encareciendo al auditorio de que si a alguien se le ocurría algún sitio en el que pudiera estar el muchacho, lo dijese.

Pero lo cierto es, que el tiempo pasaba y las esperanzas de encontrarlo eran cada vez menores.

Los monaguillos sin saber por dónde buscar, se dedicaron, unos a subir a la torre por si acaso estuviese allí, otros recorrían los altares con todos sus recovecos, otros subieron al órgano y sus dependencias, no sin algo de prevención, pues una imagen que había tras una puerta del cuarto de la mancha, los tenía algo atemorizados, otros a las bóvedas de la iglesia y otros buscaron en las sacristías. Después fueron a casa del campanero, que era una gran casona adosada a la iglesia, pues era uno de los sitios habituales de los monaguillos pero todo parecía inútil.

En un momento determinado y sin ninguna razón aparente, Alejandro y Mariano, que eran inseparables, se dirigieron de nuevo a la sacristía y comenzaron a revolverlo todo. Los armarios donde se guardaban las sotanas, los que contenían las casullas, el armario de las capas pluviales, todo fue revuelto. Adosado a la pared había un banco, cuyo asiento se levantaba y  conformaba la tapa de una especie de baúl donde se recogían los roquetes de los monaguillos, se acercó Alejandro, levantó la tapa, y.....

¡ Oh , sorpresa ¡

Manolico, se hallaba plácidamente dormido encima de los roquetes, y ajeno totalmente al revuelo que se había organizado.

La alegría de los tres, en aquel momento fue indescriptible. Comenzaron a dar saltos de alegría y, sin parar de saltar, se dirigieron a la puerta de la Iglesia donde todo el mundo los recibió alborozado.

Como más tarde se aclaró, al finalizar la Misa Mayor, Manolico había entrado al lavabo sin que nadie se apercibiese de ello y todos se marcharon sin echarle en falta, cerrando la sacristía y posteriormente la iglesia.

Cuando el pobre monago salió y vio la puerta cerrada, presa del pánico, comenzó a dar voces sin que nadie le oyese, pues la ventana de la sacristía daba al recreo de las Escuelas Nacionales y ese día, al ser domingo, se encontraban cerradas. Cansado de gritar y, a causa del mismo disgusto, se quedó dormido encima de los roquetes hasta que la casualidad hizo que diesen con él.

 Mariano Ibáñez

 Nota del Autor: Esta historia está basada en hechos verídicos y los personajes que intervienen en la misma son reales. Alguna de estas personas, aún vive en Mallén. A ellos se la dedico, con mucho cariño, y en especial a Manolico, protagonista involuntario de los hechos.


  Prólogo

 Llevaba ya dos años de una existencia casi feliz en mi vida laboral, pues la empresa de Barcelona donde trabajaba, había decidido enviarme a Zaragoza; y yo, que soy de Mallén, aprovechaba y me iba todos los días a mi pueblo al acabar mi jornada. Pero un buen día, mi jefe, pensando sin duda en lo acertado de aquél viejo aforismo de que a esta vida hemos venido a sufrir, creyó que ya era hora de cumplir su misión divina y resuelto a convertirse en el instrumento de la divina providencia, me envió a Madrid.

De nada sirvieron mis argumentos en contra de la bondad de tal decisión empresarial, ni siquiera los más socorridos de tacharla de antieconómica para ellos, pues la verdad es que puse todo el ingenio y los recursos lógicos de que puedo estar dotado; incluso los más peregrinos me parecieron aceptables en un vano intento de desaconsejar una decisión, que a todas luces, echaba por tierra un período de mi vida irrepetible. Así pues, un buen día cogí mi flamante Renault 5 Copa y, haciendo de tripas corazón, me dirigí a la capital del reino.

Da la casualidad de que, hace años, una de mis hermanas pensando que para el perfeccionamiento de su carrera musical, todo aconsejaba, que lo mejor era desplazarse a Madrid para continuar allí sus estudios, y mira tú por donde nos encontramos nuevamente, sin que nuestras voluntades hubiesen tenido nada que ver en ello.

El caso es que un día hallándome en su casa, cayó en mis manos un escrito que llamó poderosamente mi atención por varias razones. Primera, por que describía una historia harto conocida por todos los aragoneses, pero que yo siempre había atribuido a la tradición oral tan extendida en mi tierra y nunca vi escrita en ningún sitio; segunda, por que  el protagonista de la misma, según aquel escrito, era de mi pueblo; y tercera, por que era totalmente anónima, así que no conozco a su autor, a pesar de que me encantaría hacerlo.

Así pues, y sin más preámbulos, ahí va la susodicha historia, que en honor a la verdad, estaba escrita en correcto castellano de Valladolid, pero que yo, por darle un poco más de verismo, he convertido a un lenguaje popular que era el corriente cuando me crié en Mallén.

     Mariano Ibañez

  A ZARAGOZA, UAL CHARCO  

       De Mallén salí  yun día

Pair a Zaragoza ver

A un primo de mi mujer

Questaba con pulmunía.

 

 Echeal cesto palmorzar

Un ocho yun choricico

Yen unión de mi burrico

Arre quiarre, prencipié andar.

 

Nuabía andau tan siquiá dos horas

Cuando de pronto

Se queduel burruechun tonto

Paraícuen la carretera.

 

Yual velo diatrás un paso

Yechando manuala faja

Y sacando la navaja

Me preparé por siacaso.

 

Eraun viejo setentón

Morrudo, coloradote

Güen mozo y con un cogote

Másafeitau quiun melón.

 

El entonces me miró,

Yo fui y le pregunté:

-Tio güeno, ¿Quién es Usté?-

-San Pedro- Me contestó.

 

-¿ San Pedro?- -El mesmo, Colás-

-Era! Y ¿Quiace Usté puaquí?-

-Pos vengo pavertiatí,

y quió saber ande vas-.

 

-Pa Zaragoza me dirigía

Que la Luciana, mi mujer

Mancargau que vaya ver

A su primo que tié pulmunía-.

 

-Amigo Colás, ten presente

Que siempre prenunciarás

Cuando digas ande vas

El “si Dios quiere”, mismamente-.

    

Agarrando güerte la navaja

Por siacaso senfurecía

Le dije con osadía

Mientras subía la Marga.

 

-Miusté, San Pedro majico

Que nuestoyo pa monsergas

Y quiá Dios o no quiera

Pa Zaragoza voy, con mi burrico-.

 

-No seas tozudo, Colás

Y toma nota diaquesto

Quiotros por menos desto

Sufren penas por demás-.

 

Apreté yo luegüel paso

Ya la mañana sigüente

Tenienduel Pilar denfrente

Ni miacordaba del caso.

    

Visitia mi primuel Feliciano

Questaba cuasi curau

Le diuna güeltal Mercau

Y pa Mallén chino chano.    

 

Yen unión de mi animal

Que nunca siba sin mí

De Zaragoza salí

Más tieso quiun concejal.

 

 Al poquico demprender

El viaje desta manera

San Pedruen la carretera

Se me golvió apaicer.

 

El burrico se paró

Cuando lo tuvuailante

Paraícos pun instante

Quedamos San Pedrui yo.

 

El preguntó: -¿ Ande vas?-

Yo le dije: - A Mallén,

Aunque no le paizca bién-

-Dí, “si Dios quiere”, Colás.-

  

-Miusté, no se disespere

Ni ponga ustémpeñuen ello,

Quiaunque me cuerten el cuello

Yo no digo, “si Dios quiere”.

 

-¿No quiés decilo?-

- No-

-Pues bien, por no querer,

Desdioy, ranas de ser-.

 

Mechual Ebro y medíun baño

Mayor de lo que creía

Miusté que baño sería

Questuven el Ebrun año.

 

Bién me jodioaquel indino

Tol tiempo questuvallí

Tan jarto diagua salí

Quiaura solo bebo vino.

 

Por fín,

Un día golvió,

Y del charco que mechó

Quiso golvermia sacar.

 

Cuando me tuvua su lau

Me dijo: -¿Qué tal, amigo?

Creo que con el castigo

Yastarás escarmentau.-

 

-Por tantuamigo Colás,

Aprovecha la leción

Y pautener el perdón

Contesta bién ande vas.-

  

Y yo, que pablar soy tan franco

Le dije desta manera:

-¿Andi dir? Andiusté quiera,

A Zaragoza, ual charco.- 

 

 

                 


EL emperador Carlos I de paso por Mallén

 EL emperador Carlos I fue un gran viajero, el 8 de febrero de 1520 ceno y durmió en el Castillo de  Mallén y a la mañana siguiente antes de partir para Tudela pudo probar la exquisitez de la comida Mallenera


Carta de Donación de la villa de Mallén por Alfonso I el Batallador en 1132

Yo, rey Alfonso por la gracia de Dios, hago esta carta de donación, consolidación y lealtad hacia todos vosotros, Cristianos Mozárabes de Mallén, a los cuales yo traspaso, con la ayuda de Dios de gentil poder y conductor vuestro en el cristianismo.

 Honro y apaciguo de buen grado, con espontánea voluntad y por el amor de Dios y a la Santa Trinidad, y por ello en el nombre de Cristo, extiendo mi amor a vuestras casas y vuestras herencias y presento conmigo la protección hacia mis tierras, donando a favor de vuestro, pueblo, jardín árido de leñadores; el Monte de Samañas: pastos para vuestros ganados hasta el Alto del Monje, hasta después del Podium del Mayor Molino de Samañas sin interrupción hasta la Valpisa y hasta la parte de la calzada más importante para el ejemplar y trabajador pueblo, la cual llega hasta el Podium que llaman Mont‑negret: hasta los Siete Cabezos, y así todas mis tierras, pastos, hierbas y aguas para vuestros ganados.

 Y también a vosotros Mozárabes de Mallén, poseedores de este árido jardín de leñadores, os hago enteramente participes de todos mis montes.

 Además os dono las plazas de costumbres que tienen Zaragoza y Tudela dentro de Mallén en toda mi tierra: por lo cual actuar nobles, honrados y francos con vuestros hijos, descendientes, con todas vuestras generaciones y con cuantos hombres paisanos estén con vosotros y con todos cuantos pudieran poblar pueblos lindes, desiertos o yermos. Así mismo, también os dono a vosotros, hombres de Mallén, franqueza y libertad, con la que habréis de impedir que hubiera que pagar deuda, peaje o cuenta en todas mis tierra y a cuantos mercados fuerais a realizar ventas o compras.

 Así mismo, no hagáis vuestros a mis enemigos en vuestra posteridad, y en lo relativo a vuestras puertas, tenerlas abiertas a todas las opiniones y a todos vuestros vecinos y si no fueran placenteras aquellas opiniones venid ante mi. Si no estoy en aquellas tierras a través de la distancia, sin interrupción vendré de aquellas tierras y tendréis juicio ante mi; y os obligo a comparecer en juicio bajo promesa viniendo por todas mis tierras libres y seguros con vuestra preocupación, y ningún hombre os atormentará en ningún  modo ni ninguna suerte o casualidad que aquí os hiciera pensar en un millar de "maravetinos" y allí con la novena y todos los donativos más altos y superiores de este escrito también dono, concedo y confirmo en estas circunstancias.

Por lo cual tener inteligencia, firmeza y seguridad, vosotros, vuestros hijos y toda vuestra generación y descendencias para tener a salvo la fidelidad a mí y a mis posteriores por todas las generaciones. AMEN.

 Y todo lo que a vosotros doy y concedo no es esto para hacer a ningún hombre ninguna mala acción. Son estas todas mis tierras yermas o plantadas para Mallén.

 Yo, Alfonso, hago esta carta en tiempo de Ma Ca LXX en el mes de Junio, en la villa que llaman Novillas reinando yo, Rey Alfonso en Aragón, Pamplona, Suprarbi, Ripacurcia y en las tierras de Zaragoza.

 Obispo Didacus en Hosca, Obispo  García en Zaragoza. Obispo en Rota. Obispo Santo en Calahorra. Comes Beltrán en Tudela, Petras Tizon en Estella, Tizon en Bofi, Casan en Nágera e Iñigo López en Soria, Loparez Pellegrin en Alagón, santo Gorribas en Hosca, García Ramírez en Monzón, Pero Mistan y Garcia López Alférices. Ferrarius Aznarez Justicia y Bernardi de Cipriac.

 Testigos míos en la solemne prescripción de la escritura de esta carta, mía propia, de mi propia mano y con mi signo trazado.


Entre 1944 - 1946 se construyeron catorce viviendas protegidas por importe de 596.192 Pesetas que fueron sufragadas Par el instituto Nacional de La Vivienda con las reglamentarias de las usuarios 

En 1945 se procedió a la reforma del Paseo del Puy, por importe de 48.000 pesetas que aportó el      Municipio

 En 1947 se construyo un campo de fútbol por 18.150 pesetas, para 1o que aportó I0.000 el Ministerio de Trabajo y  8.450 el Municipio. 

En 1948 se procedió a reparación de las ocho escuelas por importe de 47000 pesetas con cargo a los fondos municipales.

 En 1949  se reformó la Casa Consistorial siendo invertidas 80500 pesetas a cargo del Municipio. 


*El Rey Carlos IV en Mallén

Así fue el 30 de agosto de1802, apareció Carlos IV por Mallén , se alojo en el Palacio de Navas (calle Tudela). Esta visita era para ver las obras del Canal Imperial.Y según cuentan salió a cazar perdices por Montesuso. Y en agradecimiento dono unas cadenas, esas cadenas eran un privilegio real. Los reyes, cuando se alojaban en casa ajena, tenían por costumbre conceder algún privilegio a su dueño, en recuerdo de su visita.

 En ese caso, el privilegio consistía en que, si un fugado de la Justicia, asiéndose a dichas cadenas, se acogía a la protección del dueño de la casa, la Justicia no podía reclamarlo mientras estuviese acogido a esa protección.

*Rotulación de las calles

Dada cuenta así mismo de un interrogatorio que el Exmo. Gobernador Civil remite para su contestación relativo a la designación o distribución de la población en manzanas así como de la rotulación de calles y demás que expresa, Acordó el Ayuntamiento que puesto que faltan a completar la rotulación de la población algunas de las cosas que expresa la citada circular, se coloquen rotulando las calles en entradas y salidas de la villa conforme está prevenido, así como la de las manzanas y demás hasta completar aquella.

(Acta del Ayuntamiento de Mallén del día 3 de enero de 1864)

*Manlia (Diccionario Geográfico Madoz 1848, Historia de Mallén S XVI)

MALLÉN: Villa con ayuntamiento en la provincia., aud. terr. y dióc. de Zaragoza (10 leg.), e. g. de Aragón,  partido  judicial de Borja  (1 1/2).  Situado en una llanura, sobre la ribera derecha, rió Huecha : la baten todos los Vientos ; SU CLIMA es templado y las enfermedades mas comunes tercianas y fiebres catarrales Tiene 400 CASAS de buena fal). , que se distribuyen en calles irregulares y una plaza ; casa de ayuntamiento reedificada en 1836 y buenas cárceles una escuela de niños, y 2 de niñas bastante concurridas iglesia parroquial. (Nra. Sra. de los Ángeles) de primer ascenso , servida por un cura , un coadjutor y 4 beneficiados de presentación de la orden de San Juan de Jerusalén , otros 4 beneficia  de provisión real ó del ordinario, según el mes de la vacante , y 2 mas de patronato de ayunt. ; un convento extramuros que fue de frailes Franciscos con la denominación de Ntra. Sra. de Torrellas, fundado en 1615, cuyo edificio carece de destino ; un santuario titulado la Virgen del Puig de Francia, bastante bueno, situado á 1/4 de hora del pueblo hacia el S., en el que hay una cofradía que todos los años celebra su fiesta el día 8 de Septiembre un cementerio capaz y ventilado, y un bonito paseo adornado de árboles y flores, construido en 1832, el cual conduce al santuario antes mencionado Confina el TERM. por N. con los de Cortes de Navarra (part. jud. de Tudela), y Novillas ; E. Gallur ; S. Bisimbre y Fréscano , y 0. Fréscano y Cortes : su dist. a los extremos será de una legua ,generalmente, El TERRENO comprende unas 3,000 cahizadas: se compone de monte y huerta que Se fertiliza con las aguas del Canal Imperial que pasa por sus inmediaciones, y de 2 fuentes poco abundantes. Es bastante llano, y algunos trozos de buena calidad, aunque la mayor parte no pasa de mediano. El r. Huecha que corre en dirección del NE. en busca del Ebro, que á su vez toca el término por el N. y E. , no facilita ningún riego a Mallén porque va casi siempre seco, y sus pocas corrientes se utilizan en Magallon. Cruza por la pobl. el CAMINO carretero prov. que desde Zaragoza conduce a Navarra ; los demás, aunque por todos transitan carros, son locales, en mediano estado. El correo lo recibe por el mismo conductor general de Zaragoza á Navarra 3 veces á la semana de cada parte; tiene parada de diligencias para la que desde Tudela va á Zaragoza, que pasa todos los días subiendo en uno Y bajando en el siguiente. Productos  trigo que es la principal, cebada , maíz, judías , vino , aceite, melones y hortalizas: se cría ganado lanar y algunas yeguas de vientre ; y hay caza de perdices y liebres. INDUSTRIA. . la agrícola , algunos tejedores, 2 fabricas de salitre, un molino harinero y 4 de aceite. COMERCIO: se exportan los granos Sobrantes por el Ebro a Cataluña, y el vino a las montañas de Cinco‑Villas y Castilla; importándose ,arroz y otros Art. de general consumo : hay 18 tiendas. de abacería y 11 de géneros y telas de comercio de donde se surte el pueblo y los demás inmediatos. Población : 390 vec., 1812 alin. CAP PROD: 5.460.000 rs. IMP 348,5OO. CONTR. 11,318 rs.

La alusión de los nombres Malia y Mallén persuado haber, sonado de muy antiguo esta pobl. en la historia, lo que se apoya aun con varios monumentos que se, han descubierto en ella, pertenecientes a la edad romana : Mallén dice Don Agustín Cean Bermúdez , mantiene las ruinas de su antigua pobl. y se han encontrado en ella monedas de Vespasiano Tito, Adriano y otros emperadores. Esta población, con el nombre de Malia, ofreció en la famosa guerra numantina uno de aquellos deplorables sucesos producidos por la mas vituperable política : la admirable Numancia , como inferior en riquezas a Cartago , a Capua y a Corinto , superior a todas juntas en fama (Floro) , llamó hacia si el imparable odio de Roma y una guerra que después de catorce años de prodigiosa resis­tencia y recios combates , concluyeron estos con su exterminio por acoger á los desgraciados conceltíberos de Segeda: Malia , también pobl. celtibera , acometió a los numantinos que la guarnecían y los degolló a todos para congraciarse con Pompeyo  Yo , a quien se entregó: temió el ataque de este que se dirigió a ella de noche , alejándose de Numancia , cuyos defensores le habían fatigado así como á sus ejércitos ; los de Manlia no repararon en el precio para volver propicio al romano. Este general habiéndole recogido todas sus armas y exigiéndoles rehenes, pasó a la Suesetania. Algunos sostienen que en nuevas vicisitudes quedó completamente arruinada permaneciendo así hasta que la repobló el emperador D. Alonso en 1132 ; pero este emperador la ganó a los musulmanes en1120 En Mallén se avistaron y terminaron sus diferencias los Reyes de Aragón y de Navarra año 1209. En el castillo de esta villa fue encerrado el príncipe de Viana año 1452. En junio de 1808 el general francés Lelebre Desnouttes, desbarató cerca de es­ta pobl., una turba de soldados y paisanos capitaneados por el marqués de Lazan, hermano del general Palafox.

El señorío de Mallén fue concedido por su conquistador a la orden del Temple. Después pasó a la de San Juan por permuta con el de Novilla. Ha obtenido esta villa grandes mercedes de los Reyes  quienes la hicieron libre y forma con los fueros de Zaragoza

 Su escudo de armas ostenta un castillo con bandera blanca y en ella la cruz de San Jorge

(Esto decían de nosotros en 1848)

 

*En 1929  se realizaron unas Ordenanzas municipales, Aquí os ponemos algunos artículos:

    -Se prohíbe establecer billares romanos, ruletas ni juego alguno de envite o azar.

    -Los espectáculos autorizados darán principio a la hora indica de en los carteles y los nocturnos antes de las doce y media.

    -En carnavales, se prohíbe.

-Circular por la vía pública con careta o antifaz después de anochecer.

-Arrojar confetti que no sea de un color uniforme, polvo, lodo, líquidos y en general cuanto pueda causar daño o molestias.

-En los salones de bailes públicos, no se permitirá fumar, hacer ruidos molestos con campanas, cencerros, trompetas u otros instrumentos...

-Se prohíbe en absoluto, lo mismo de día que de noche, organizar cencerradas, por ser tales manifestaciones contrarias al orden publico y al respeto que se debe a todos los vecinos, pues las mismas son impropias de pueblos civilizados.

 * La vuelta Ciclista a España sale de Mallén

Así fue y el día 9 de mayo de 1973, salió la vuelta de Mallén, debido al fuerte viento, la organización decidió adelantar unos kilómetros la salida de la etapa, pues estaba previsto que saliera de Zaragoza.

Pudimos ver por Mallén a Luis Ocaña, Eddy Merckx....

También en Mallén a finales de los años 80 tuvimos la gran satisfacción de contar con un ciclista profesional como fue José Casajus, que corrió  dos años consecutivos la vuelta ciclista a España.

En sus vitrinas hay gran cantidad de premios

 

© Asociación Cultural Belsinon 2002