Santiago Gascón Santos
Poco a poco nos vamos acostumbrando a leer en la
prensa el nombre de este mallenero, por haber ganado algún premio literario.
Aunque sus cualidades como narrador son indiscutibles, no podemos olvidarnos de las de de pintor, no en vano ha ganado varios premios para el concurso de cartel de fiestas.
Pedanterío básico
SANTIAGO GASCÓN. 1961, Mallén (Zaragoza).
Licenciado en Psicología.
Actualmente realiza su tesis doctoral sobre estrés y salud, en la Facultad de Medicina de Zaragoza.
Publica en revistas electrónicas, y es colaborador de la la revista de la Asociación Cultural Belsinon "La Hueha".
Algunos de sus premios en
narrativa:
·
Premio Isabel de Portugal de Narrativa, 1999, con “Agnus Dei” (Diputación de Zaragoza).·
Premio Teruel de Relatos (2000), con “El náufrago”. Instituto de Estudios Turolenses.·
Premio “Casa de la Mujer” del Ayuntamiento de Zaragoza (2000) con “Arde la vida”.·
Accésit, J & B de Novela, (1997), “La memoria derramada”.·
Finalista en el Premio Internacional de Cuentos Max Aub, (2000), con “El laberinto de seda”.·
Premio Hucha de Oro (Fundación de las Cajas de Ahorros Españolas), 2001. Con “La tierra prometida”.En 2003 publica "Manila", donde recoge una colección de sus relatos, alcanzando gran éxito. Presentándola el día 3 de mayo en Mallén, con asistencia de muchos malleneros.
En teatro obtuvo el Premio de guiones para la muerte de Diego (Teruel, 2000), desde entonces realiza los guiones para “Las Bodas de Isabel Segura”, fiesta medieval que recrea las vidas de Los Amantes y que se celebra en Teruel en torno al Día de los Enamorados.
Fue el primer pregonero del milenio de las Fiestas de Mallén
Pregón
Malleneras y malleneros, faltan sólo unos minutos para que den comienzo las primeras fiestas del milenio. Igual, por eso, me da por recordar las fiestas que guarda mi memoria.
Cuando era pequeño y tenía más pelo, o sea, en el siglo pasado, las fiestas se esperaban durante todo un año y contábamos los días que faltaban para que llegara el Cristo.
Semanas antes comenzaban a aparecer señales que las anunciaban: el aire se llenaba de olor a madalenas y mantecados que venía del Horno de la Simona (también del Francisquino). A veces, Pepe el Guarni reparaba los cabezudos, ahí en la calle Tudela y, para espantar a los críos, se calzaba al Verrugón, o la Morica y nos hacía correr hasta la plaza. Esta plaza se cercaba de vallas y se inundaba de arena como una playa de secano en la que los críos iniciábamos una guerra, hasta que Félix, el alguacil, imponía su orden de sheriff.
Pero las fiestas, fiestas, no empezaban hasta que el tío Fermín, directamente, sin pregón ni nada, encendía con su cigarro un cohete y, antes de que el Verrugón pusiera los pies en la plaza, nosotros ya estábamos en el Paradero. Porque entonces, a los cabezudos y a muchas otras cosas, les teníamos miedo.
Fuimos creciendo, y ya no corríamos delante de los cabezudos, sino detrás de la charanga. Con un poco de suerte, podías ir de la mano de la chica que te gustaba y entrar por la noche, en esta plaza, sintiéndote el más feliz del mundo. El primer beso siempre se daba en fiestas, las parejas de novios salían de las fiestas.
Eran tiempos dichosos, sí, pero no pensemos que cualquier tiempo pasado fue mejor, puede que fuéramos felices, también éramos más inocentes y, sobre todo, éramos más tontos, menos libres, y más pobres.
Por entonces, en el siglo pasado, cuando era pequeño, no era sencillo vivir y mucha gente se marchaba a buscarse la vida a Barcelona, a Francia, o a Alemania. Volvían para las fiestas, con unos coches que nos dejaban impresionados, pero no sabíamos nada de sus malos ratos, ni de lo que significa ser extranjero, tener que limpiar la casa de otro y hablar la lengua de otro.
Afortunadamente, hoy nadie tiene que marcharse, al contrario, cada vez es más normal encontrar malleneros que hablan en rumano, en argelino o en marroquí. Y estoy orgulloso de que, mientras en otros sitios crecen la intolerancia y el racismo, en mi pueblo haya mucha gente que les tiende una mano.
Puede que seamos el pueblo más brutico de Aragón, pero somos la mejor gente del mundo.
Me da alegría ver a este Mallén que progresa, que se permite el lujo de dar trabajo y acoger a quienes no han sido tan afortunados. Me da gusto ver a un Mallén que mira al futuro, pero que comienza a preocuparse por preservar su cultura y su pasado, así lo hacen algunas asociaciones como la de Mujeres, y el grupo Bélsinon. Me gusta que, a la vez que navegamos por internet y comenzamos a equivocarnos con los euros, sigan vivas palabras tan nuestras como: chandrío, estrapalucio, quio y, sobre todo, amante.
Estoy orgulloso de ser mallenero y más cuando supe que fuimos el pueblo que más firmas envió contra el trasvase, y cuando vi el día de la manifestación en Zaragoza, avanzar una pancarta por el Paseo de la Independencia, que decía: “De Mallén y quítame el agua”.
Aunque hoy no es día de mítines, tengo que deciros, porque si no lo digo reviento, que el próximo domingo a estas horas estaremos en Bruselas, para que se oiga en Europa eso que a mí me gusta tanto y que es: “De Mallén... y quítame el agua”.
Quiero desearos a todos, a los más mayores y a los más jóvenes, a los chicos y chicas que esta noche se darán su primer beso, quiero desearos las mejores fiestas de vuestra vida.
¡¡¡Viva las Fiestas del Cristo!!!
¡Viva la gente de mi pueblo!
¡¡¡¡¡Viva Mallén!!!!
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